El título del tour, Una noche con Ricky Martin, se
refiere a que el artista sólo tendrá una cita en cada ciudad. El 9 de mayo será
el Palau Sant Jordi de Barcelona, el 11 el Velódromo de Luís Puig de Valencia,
el día 12 la Plaza de Toros de Murcia y el 14 la sala Madrid Arena. Pocas citas,
pero que representan el cambio que ha dado el artista portorriqueño, después de
una década de grandes éxitos."He vivido
una década con mucha adrenalina y ahora necesitaba silencio para canalizar mis
emociones y saber dónde quería ir", explicó en rueda de prensa un artista que
confesó haber vivido esos años "obsesionado con ser el mejor y vender muchos
discos". "Me dejaron romper fronteras, pero fue un sabotaje para mis emociones",
subrayó Martin, que en su etapa alejado de los escenarios ha viajado por países
como India, Egipto, Brasil o Tailandia, experiencias que luego ha plasmado en
sus nuevas canciones.
Después de dejarse "seducir por la fama" Martin
ofrece a su público Life, "un tributo a la vida", que mezcla ritmos latinos, con
rock y hasta reggaeton, en el tema Qué más da en colaboración con Fat Joe.
No obstante, reconoció que el escenario y los
aplausos le inspiran y vuelve ahora con una gira de conciertos "muy íntimos y
más orgánicos que Living la vida loca". En los directos, Martin tratará de "unir
continentes". Unos directos "muy globales" que evocarán "Asia, Andalucía y lo
latino". "Un carnaval" que además de sus nuevas canciones contará con otras en
las que Martin moverá las caderas, recordando antiguos éxitos. El resultado
esperado: "que el público sienta que existe un mundo perfecto y se olvide de la
realidad".
"Estoy en un momento de consentirme y de cuidar
mi autoestima para seguir sereno", prosiguió el portorriqueño, quien destacó que
en las letras de canciones como I am, Drop it on me, Save the dance o Till I get
se nota su "espiritualidad, sin querer predicar".
Y es que, en esta nueva etapa ha creado una
fundación con la que ayuda a los niños necesitados y con la que lucha contra la
explotación infantil. "Más de dos millones de niños son utilizados para la
prostitución y la pornografía, una industria que mueve 20.000 millones de euros
al año", denunció Martin, nombrado embajador de Buena Voluntad por la ONU.
Pese a que nunca habla de su vida privada,
Martin confesó ser "un tío bastante solitario". "Tengo mis experiencias, pero
soy así", dijo, manteniendo la compostura cuando unos cuantos periodistas
insistieron en preguntarle por sus inclinaciones sexuales.
"Mi prioridad es el sentido común y el respeto
y espero que a mí también me respeten. Ignoro al ignorante, pero la
vulnerabilidad está ahí, porque soy un personaje público", concluyó adelantando
que pese a que la música es su "prioridad" en 2007 quiere dedicarse en cuerpo y
alma a su fundación.