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En la ciudad de
Sligo, al oeste de Dublín, tres chicos deciden formar un grupo.
Sus nombres: Shane Filan, Kian Egan y Mark Feehily. Todos entre
los 18 y 19 años.
"Los tres estábamos en un grupo de teatro y, durante los
intermedios, salíamos a hacer versiones de temas pop",
cuenta Shane.
"Tuvimos tanto éxito que decidimos hacer algunos conciertos
y grabar una maqueta que vendió 200 copias en las tiendas de
discos de nuestra ciudad. No era mucho, pero era un
comienzo".
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- Más tarde una televisión local emitió una actuación de los
chicos en un hospital infantil.
Louis Walsh, mánager de Boyzone, vio el programa y se intentó
poner en contacto con el grupo, pero se le adelantó la madre de
Shane. Walsh fichó a Westlife, compartiendo las labores de
management con Ronan Keating, que siempre vio un diamante en bruto
en la banda. Poco después, Westlife estaba actuando como telonero
de Backstreet Boys en Dublín en marzo de 1998.
- El siguiente paso fué el fichaje
de dos nuevos componentes para adquirir el formato de quinteto,
siguiendo la tradición de grandes bandas anglosajonas de músicas
vocales y bailables.
Nicky Byrne y Bryan McFadden fueron los elegidos. Las lucha entre
las gandes discográficas por hacerse con los servicios de la
prometedora banda fue encarnizada. La multinacional RCA, que
había apadrinado las fulgurantes carreras de grupos masculinos
como Take That o Five, se llevó el gato al agua. De paso, les
sirvió en bandeja la producción de los mejores; Biff (Spice
girl), Max Martin (Backstreet Boys), y Steve Mac y Wayne Hector
(Five). Y llegaron los singles, los números 1, los premios.